Los papeles de la Invasión de los Estados Unidos a Panamá

A 30 años de la operación militar para capturar a Manuel Antonio Noriega, Panamá Files publica cientos de documentos desclasificados en Estados Unidos. Los archivos revelan los planes, la ejecución de la masacre y cómo se construyó el nuevo régimen una vez que el país estuvo roto

Por Sol Lauría

Dos años antes de invadir Panamá, Estados Unidos suponía que las bases populares y el Ejército que había ayudado a construir apoyaban «fuertemente» al dictador panameño Manuel Antonio Noriega. «Las fallas de la oposición para organizar protestas lo fortalecen», decían. Estaban preocupados. Eran tiempos de hostilidades con el hombre que comandaba el país de su Canal desde 1983. El gobierno de Ronald Reagan ya no quería a Noriega en el poder y empezó a pensar cómo hacer para sacarlo.

Primero, analizaron el contexto y sus vulnerabilidades. En enero de 1988 creyeron que seguía «firmemente en control» pero encontraron puntos débiles: el deterioro de la economía y la disidencia militar. Le contaron las costillas. Sospecharon que estaba «estrechamente asociado con el tráfico de drogas» y descubrieron que enviaba armas a El Salvador vía Nicaragua. Después, siguieron pensando. ¿Cómo reaccionaría el Man, como llamaban al hombre que hasta ese momento había sido suyo y que tan bien conocían, si implementaban sanciones económicas? Noriega no haría nada «por temor a la intervención«, escribieron. Entonces, las aplicaron: el bloqueo impuesto llevó a los bancos al cierre y a los panameños al trueque. Cuando ya habían puesto en marcha una estrategia diplomática para acelerar su salida y un juicio en su contra en un tribunal de Miami, empezaron a analizar quién podría ser el sucesor y a planificar la Invasión.

En enero de 1989 George H. W. Bush asumió como presidente. En el enclave de Estados Unidos en Centroamérica durante ese año hubo certezas de fraude electoral, intento de golpe de Estado y la muerte de un marine estadounidense.

Todo eso terminó en lo que sabemos: la Invasión del 20 de diciembre de 1989.

El contenido de las investigaciones y los reportes del gobierno norteamericano con los motivos y los modos de la Invasión, forma parte de los documentos publicados en Panamá Files, una plataforma periodística desarrollada por el colectivo de periodistas Concolón. El primer capítulo del proyecto reúne, a pocos días de cumplirse 30 años de la Invasión, cientos de documentos desclasificados en Estados Unidos como resultado de una alianza entre Concolón, la Comisión 20 de diciembre de 1989 y el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (Estados Unidos).

Hasta el momento son más de 600 documentos que van desde 1977 hasta 2011 y corresponden a informaciones de la Casa Blanca, los Departamentos de Estado y Defensa, el Comando Sur y organismos como el National Security Council y la CIA, entre otros, que se publican para su libre disposición. Aunque el proceso continúa, lo investigado muestra la obsesión de Estados Unidos por dejar registrado todo lo referido a la operación que nombró Just Cause, Causa Justa.

Entre los archivos hay decenas de informes de situación del personal de Estados Unidos en Panamá durante los días de sangre y saqueos. Desde el minuto uno, las obsesiones eran tres: el cumplimiento de los planes, atrapar a Noriega y el reconomiento por parte de los países de la región del nuevo gobierno juramentado en sus bases a la medianoche del 20 de diciembre de 1989.

A partir de las 3 de la madrugada y durante una hora, George H. W. Bush llamó a los presidentes de México, Carlos Salinas; Venezuela, Carlos Pérez, y al argentino Carlos Menem. Machacó a cada uno las justificaciones del horror: Noriega había declarado la guerra, su Ejército había asesinado a un oficial de marina estadounidense, golpeado a otro y acosado a su esposa. «A ese punto, no podíamos tolerar sus actos —le Bush dijo al mexicano Carlos Salinas—. No podíamos permitir que Noriega brutalice a los americanos». Lo bueno, agregaba, era que habían logrado reinstaurar la democracia en Panamá tras veintiún años de dictadura: había un nuevo presidente, y les pedía reconocerlo.

El nuevo gobierno era el trío con Guillermo Endara como presidente, Guillermo Ford y Ricardo Arias Calderón como vices. Bush no dio detalles sobre ellos en las llamadas telefónicas, pero conocía bastante bien a cada uno. Los documentos desclasificados describen a Endara como un hombre que «carece de una identidad política propia». A Ford lo mencionan como un «destacado corredor de seguros, banquero y expresidente de la Cámara de Comercio», además de «un excelente conversador». De Arias Calderón sostienen que es «un excelente organizador político con fuertes lazos internacionales» y un intelectual «visto por muchos panameños como elitista». Por varios meses, Bush insistiría en el reconocimiento con los mandatarios de distintos países y en organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA). La OEA, las Naciones Unidas y la mayoría de los países de la región, habían condenado la Invasión.

Foto: Servicio Público de U.S. Army
Foto: Servicio Público de U.S. Army

Los días posteriores al ataque, nadie sabía dónde estaba Noriega. A los norteamericanos también les interesaba el paradero de otros miembros de las Fuerzas de Defensa —sus capturas, los interrogatorios— y de los Batallones de la Dignidad. Cuando Noriega fue a la nunciatura papal, reportaron sobre sus días allí, la gente que entraba, salía, merodeaba y la que se quedaba —una cable menciona a miembros de la organización terrorista vasca ETA.

El nivel de detalle da cuenta de la obsesión del gobierno de los Estados Unidos por documentar la Invasión. «Llama la atención el esfuerzo hecho por el Centro de Historia Militar del Ejército por asegurar la preservación de documentos existentes y por crear otros, por ejemplo, entrevistando a más de 300 de los participantes», dijo la directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (Estados Unidos), Angelina Snodgrass Godoy, involucrada en la investigación y la desclasificación del capítulo Invasión de Panamá Files.

Hay memos durante un año sobre las cifras de panameños muertos en el ataque. Tras contar los cuerpos que ellos mismos enterraron en fosas y agregar las cifras proporcionadas por el Instituto de Medicina Legal, llegaron a la que mantuvieron para siempre: 202 civiles, 314 militares. Por esas muertes civiles y otros cargos, sometieron a tribunales marciales a 19 miembros del Ejército y 17 fueron condenados. Un documento precisa que tres miembros de la Séptima División de Infantería y uno de la 82nd Airborne Division fueron condenados por matar civiles. Otros celebran el éxito de una operación que terminarían tomando como modelo.

Foto: Juantxu Rodríguez / Morgue del Hospital Santo Tomás
Foto: Juantxu Rodríguez / Morgue del Hospital Santo Tomás

Cuando Panamá ya era cenizas y en las calles soldados gringos controlaban el paso y la vida, Estados Unidos empezó a preocuparse por la construcción del nuevo régimen. La economía estaba tan rota como las ciudades, el tráfico de drogas aumentaba y el país era «un paraíso para el lavado de dinero por la falta de aplicación efectiva de la ley», según los reportes. Una vez que Noriega se entregó a la justicia el 3 de enero de 1990, las nuevas obsesiones fueron un paquete de ayuda —420 millones de dólares—, levantar una nueva Fuerza Pública sobre las deshechas Fuerzas de Defensa —una «conveniente a los deseos del Gobiernos de Panamá y de los Estados Unidos» a la que le dieron órdenes directas— y la estructura del nuevo Estado.

Además de toda la información que generaba, Estados Unidos tenía los archivos panameños que se llevó durante la Invasión: al menos 9 mil cajas con reportes de inteligencia de las Fuerzas de Defensa desde 1960 hasta 1989, que describen actividades de lavado de dinero y perfiles de personas con «cantidad significativa de dinero en Panamá».

Estados Unidos tenía, en fin, toda la información y todo el poder sobre Panamá. También un afán por controlar la narrativa de la Invasión: guías sobre cómo actuar en casos de incidentes, lineamientos de relaciones públicas, seguimiento sesudo de lo que publicaban los medios y hasta cartas de miembros del Ejército norteamericano discutiendo editoriales de programas como «60 Minutos».

Hay más entre lo desclasificado, y mucho aún por desenterrar: «Puede haber muchísimo más documentación sobre este evento que sobre otras experiencias centroamericanas de la misma época», dijo Snodgrass Godoy.

El propósito de Panamá Files es continuar generando documentación a partir de la desclasificación de nuevos archivos o con otras fuentes para reunir, preservar y procesar en un sólo sitio el material de interés público referido a Panamá. De esta manera, cualquier ciudadano podrá escarbar en ellos, identificar hallazgos, compartirlos y generar nuevas historias.

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