Plomo y miedo, las tácticas militares del Ejército invasor

Estados Unidos ejecutó la operación que denominó Just Cause, Causa Justa, con cerebro de hielo. Después, la procesó. Documentos desclasificados revelan detalles minuciosos sobre las maniobras para capturar a Noriega y controlar a la población

Por Adolfo Berríos

Era la madrugada del 20 de diciembre de 1989 en Panamá. En el baño de hombres del único aeropuerto internacional de la ciudad, dos soldados panameños parados junto a un inodoro escucharon el aleteo de helicópteros y, enseguida, una explosión. El Ejército de Estados Unidos acababa de acribillar los puestos de guardia desde el aire en un AH-6, mientras unos 400 pasajeros esperaban sus vuelos en la terminal.

Desde la ventana del segundo piso, los dos soldados panameños vieron a las tropas avanzar hasta controlar el área para la llegada de sus refuerzos. A los pocos minutos, cientos de paracaidistas descendieron en aviones AC-130, mientras jeeps y tanquetas aceleraban en dirección a ellos. Los rangers, soldados de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense, entraron al aeropuerto que entonces se llamaba Torrijos para revisar las habitaciones, tomar prisioneros y disparar contra cuaquiera que se resistiera.

Al llegar al segundo piso, dos de ellos entraron al baño. Hirieron a uno de los panameños. Su compañero lo tomó del brazo y arrastró fuera. El aire cargado de humo, las paredes temblando. A esa altura, los estadounidenses ya lo controlan todo. Las órdenes eran claras: Manuel Antonio Noriega no debía escapar y los aeropuertos —los puertos, las rutas, los puentes— son vías de escape.

Eran del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (USSOCOM por sus siglas en inglés). La fuerza se había creado dos años antes, en 1987, y sus primeras misiones habían sido en el Golfo Pérsico para proteger tanqueros petroleros durante la guerra entre Irán e Iraq. En diciembre de 1989, desembarcaron en Panamá.

En la madrugada del 20 de diciembre, cientos de paracaidistas descendieron en aviones AC-130.

Los documentos desclasificados compartidos en la plataforma Panamá Files, describen cómo operaron las USSOCOM en el país durante la Invasión. Muestran detalles de cómo se infiltraron por cielo, mar y tierra; cortaron transmisiones de radio y televisión; organizaron redadas en casas de civiles y patrullaje para infundir miedo en la población. Un informe especial también revela testimonios de la resistencia panameña, así como errores del Ejército estadounidense que resultaron en muertes de sus propios soldados por fuego amigo.

«La Invasión a Panamá, conocida como Operación Causa Justa, fue una operación inusualmente delicada, violenta y compleja», se lee en un documento de 144 páginas del USSOCOM que describe con lujo de detalle los operativos realizados por la fuerza en sus primeros 20 años.

Era una operación delicada porque se trataba de capturar a un hombre, Noriega, y desmantelar sus estructuras de poder. Violenta, pues requería la destrucción de la Fuerzas de Defensa. Compleja, porque ocurría en un centro urbano: áreas llenas de civiles. Y todo en un país en el que Estados Unidos llevaba décadas de dominio, y pensaba seguir así.

Poco antes de la media noche, inició el ataque. El relato estadounidense del combate, que puede verse en cientos de los documentos compartidos, detalla el número de aviones, helicópteros y tropas. También cómo se organizaron organizaron en “Task Forces”, grupos de unos 1,000 soldados con miembros de distintas unidades como Fuerzas Especiales, Ejército, Marines, Operaciones Psicológicas. Sus nombres eran Bayonet, Pacific, Atlantic y Semper Fi. A cada una de ellas, o a varias juntas, le tocó un objetivo estratégico para el control de localidades como Colón, La Chorrera, Arraiján, Veracruz y, en la ciudad de Panamá, Panamá Viejo, San Miguelito y El Chorrillo. Todo ello en distintas fases.

El primer objetivo fue la Comandancia. El ataque tomó por sorpresa a los vecinos, que saltaron por los balcones de sus edificios en llamas. Las aeronaves derribadas caían en callejones entre las casas. Era el caos. En la confusión, un grupo de soldados norteamericanos quedó atrapado donde no debía: uno de sus propios aviones disparó contra ellos, y lastimó a 21 con dos ráfagas de ataques. Los documentos no detallan cuántos murieron. Algunos lograron huír.

En el barrio El Chorrillo hubo 18,000 desplazados y más de 300 viviendas destruidas.

El fin era atrapar a Noriega pero nadie sabía dónde estaba. Mientras intentaban averiguarlo, los estadounidenses se concentraron en inhabilitar las demás sedes de las Fuerzas de Defensa.

Dieciocho minutos después de iniciado el ataque a la Comandancia, a la 1.03 am, comenzó el desembarco simultáneo en Río Hato y el Aeropuerto Internacional Omar Torrijos Herrera, que sorprendió a los dos soldados panameños en el baño.

Lo que sucedió en Río Hato, todavía asusta. Una embestida de paracaidistas, aviones surcando la localidad del Pacífico. Los soldados panameños respondieron y derribaron a varios. Mientras tanto, otros lanza llamas norteamericanos bordearon las barracas de soldados y estudiantes del Instituto General Tomás Herrera. Fue una batalla de soldados, estudiantes y cadetes peleando contra bombas y aviones de combate. Dos soldados de las Fuerzas Especiales que caminaban entre los árboles fueron abatidos por las balas de un helicóptero estadounidense que pensó que eran panameños. Cuatro más resultaron heridos.

Mientras tanto, en el único aeropuerto internacional de la ciudad se libraba la batalla del baño. Los gringos consiguieron que ningún avión de combate panameño lograra despegar para combatir. Tomó unas dos horas a los norteamericanos controlarlo todo y montar barricadas y puestos de control. Pero seguían sin dar con Noriega. Un documento señala que se encontraba cerca de allí, andando en un carro cuando vio todo y huyó.

Los norteamericanos minaron cada sitio por el que Noriega pudiese huir. Al aeropuerto de Paitilla, donde el dictador panameño guardaba su jet privado, un grupo de 62 SEALs arribó desde las 7.30 p.m en botes de caucho para esconderse en la pista de aterrizaje. Cuando tronó la primera bomba del otro de la bahía, en El Chorrillo, atacaron. No fue simple: murieron cinco, ocho fueron heridos, cinco de gravedad. A las 2.05 a.m. llegó un helicóptero para llevarlos al hospital, justo cuando ya habían logrado el control de la pista. Durante las siguientes horas, montaron un perímetro de defensa y arrastraron aviones de los hangares hacia la pista para evitar que aeronaves panameñas pudieran aterrizar. No fue hasta las 2 p.m. del 21 de diciembre que llegaron los refuerzos. Habían planeado una operación de 5 horas, les tomó 37.

A pocos días de la Navidad, EE.UU. desembarcó en Panamá con aviones bombarderos y helicópteros de combate Apache

El control estadounidense se iba afianzando en el país. Para la tarde del jueves 21 de diciembre, los aeropuertos de Tocumen y Paitilla estaban controlados y Río Hato, neutralizada. Al norte, las tropas estadounidenses habían establecido un puesto de control en Sabanitas, provincia de Colón.

A Noriega lo buscaron por todos lados. No estaba en su avión de Paitilla, ni en su casa de playa de Río Hato. En la Comandancia no lo encontraron. Finalmente dieron con su paradero: la nunciatura lo había acogido para la nochebuena, el 24 de diciembre.

Soldados bordearon el edificio, reportaban cada movimiento y pusieron altoparlantes para que Noriega, desde adentro, escuchara 88 canciones de rock en repetición. El 3 de enero de 1990 se entregó.

Las operaciones siguieron, sobre todo las psicológicas. Soldados gringos tomaron la ciudad rota para contral el tránsito, la vida y las voluntades por 30 días. Para el Ejército de Estados Unidos, sin embargo, la rendición de Noriega marcó el fin de la Invasión.

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