«Si viene a Panamá y se presenta a una elección, ganaría en cualquier cargo», dijo Endara a Bush tras la Invasión

Entre 1989 y 1990, los presidentes George H. W. Bush y Guillermo Endara hablaron muchas veces. Antes del ataque brutal que Estados Unidos desplegó en Panamá, para intercambiar estrategias sobre cómo sacar a Noriega. Después, para levantar un Estado entre las ruinas

Por Sol Lauría

El 14 de marzo de 1990, tres meses después de que Estados Unidos arrasara Panamá con una Invasión de muerte y espanto, George H. W. Bush y Guillermo Endara hablaron por teléfono. Eran las 3.30 de la tarde cuando Bush saludó desde la Casa Blanca al presidente panameño con un Hello? How are you, sir? Enseguida avisó que estaba devolviendo su llamado, sentado en la oficina y dispuesto a escuchar.

—Estaba llamando para hacerle saber el sentimiento de gratitud que el gobierno y el pueblo de Panamá tiene con su país, y especialmente con usted —dijo Endara—. Si viene a Panamá y se presenta a una elección, ganaría en cualquier cargo.

—Ten cuidado que quizás me aparezco —contestó Bush.

Esa es una de las conversaciones que se registran entre Endara y Bush en Panamá Files, una plataforma periodística que a pocos días de cumplirse 30 años de la Invasión, comparte cientos de documentos desclasificados con transcripciones completas de las llamadas telefónicas, reuniones y otros contactos entre ambos.

Foto: «En Panamá tenemos tiempos duros»: las llamadas entre Endara y Bush después de la Invasión.

 

Por esos días de marzo de 1990, Bush había anunciado un paquete de ayuda para reactivar la economía panameña. Eran 420 millones de dólares para reparar lo que Estados Unidos había roto en el afán de sacar al dictador Manuel Antonio Noriega del poder, con una serie de medidas como el bloqueo económico, la retención de los beneficios del Canal y, finalmente, la Invasión.

Ahora prometía resolverlo todo con un plan de acción que incluía préstamos, financiamiento internacional y programas de ayuda humanitaria. El proyecto acababa de ser enviado al Congreso. Endara dijo entonces que las cosas estaban duras en Panamá y que pronto el vicepresidente Guillermo «Billy» Ford viajaría a Washington para acelerar la gestión.

—Si puede, sería útil —dijo Bush—. Nos aseguraremos de que conozca a la gente correcta en el Congreso. No estoy diciendo que sea esencial que venga, pero sería muy bueno.

—Él es muy simpático y tiene muchos amigos en el Congreso —contestó Endara.

Guillermo «Billy» Ford era parte del gobierno que había jurado el 20 de diciembre de 1989 a las 12.01 a.m. en una sede del gobierno estadounidentes en la Zona del Canal. En las elecciones del 7 de mayo de 1989 en las que Noriega fue acusado de pergeñar un fraude, corrió como vicepresidente primero de la fórmula que llevaba a Ricardo Arias Calderón como segundo y a Endara como presidente. Los tres aparecen en los documentos publicados en el capítulo Invasión de Panamá Files, desarrollado por el colectivo de periodistas Concolón como resultado de una alianza con la Comisión 20 de diciembre de 1989 y el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington. Ninguno tanto como Endara.

Foto: «Ellos dieron la bienvenida a nuestros actos», dijo Bush a otros presidentes de la región la noche de la Invasión

Entre los documentos hay una decena de registros de conversaciones y otros contactos entre Bush y Endara antes, durante y después de la Invasión. El 16 de mayo de 1989, pasados siete días de las elecciones y cuatro desde que Noriega las anulara, Bush lo llamó a las 3.52 de la tarde.

«Usted es el verdadero vencedor», le dijo a Endara.

Desde ahí, no pararon de hablar. Las llamadas de Bush desde entonces muestran que la obsesión de su gobierno por librarse de Noriega. El 7 de junio Bush se comunicó con el presidente panameño para darle el pésame por la muerte de su esposa. De inmediato, confesó que no estaba seguro sobre qué hacer con Noriega, pero estaba abierto a sugerencias: «Todavía queremos ver la voluntad de la gente cumplida en Panamá».

Dos meses después, lo saludó desde la Casa Blanca: «Señor presidente electo, ¿cómo está?«. La economía en Panamá se derrumbaba y el malhumor entre Noriega y Bush no paraba de escalar. Estados Unidos había sufrido un revés en la Organización de Estados Americanos (OEA), que propuso un gobierno de transición que eventualmente pudiera convocar a una nueva elección en Panamá.

«Independientemente de lo que suceda en la OEA», le dijo Bush a Endara, «tiene el apoyo y la admiración inquebrantable de la gente aquí en los Estados Unidos».

Endara contestó que iría a Washington junto a los vicepresidentes.

Tres semanas después, Estados Unidos clamó otra vez: no reconocería ningún gobierno controlado por Noriega. En las elecciones del 7 de mayo «ganó Guillermo Endara», repitieron.

Luego de eso, no hay más registros de conversaciones hasta el día de la Invasión.

A las 10.10 de la noche del 20 de diciembre de 1989 Bush y Endara volvieron a hablar. Desde la Zona del Canal salían HMMWV abriéndose paso hacia Albrook y pelotones de los jaguares en dirección a la ciudad. A pocos metros de allí, Endara cenaba en Fort Clayton con Billy Ford y Ricardo Arias Calderón. En otro extremo de la ciudad, marines se escondían en la pista del aeropuerto de Paitilla, listos a reventar el jet de Noriega ni bien recibieran la señal. No sabemos si Bush y Endara hablaron sobre eso o de qué otra cosa. Entre los documentos hay una constancia escueta: hubo un llamado entre las 10:10 y 10:20.

Foto: Bush y Endara hablaron momentos antes de que empezara el bombardeo en Panamá

Enseguida, Estados Unidos escupió plomo, fuego y sangre sobre un país donde ondeaba su propia bandera. Endara, Ford y Arias Calderón, mientras tanto, juraban en las bases gringas en Panamá.

«El pueblo panameño está muy agradecido», le dijo Endara a Bush en la siguiente conversación telefónica que aparece entre los documentos de Panamá Files. Fue el 25 de enero de 1990 a la mañana y hablaron sobre las necesidades financieras de Panamá y los planes de un paquete de asistencia. «Hazme saber si tienes problemas», dijo Bush.

Cuando Noriega ya estaba preso en Florida, las Fuerzas de Defensas eran pasado y Panamá, cenizas, Bush llamó a Endara varias veces y por los mismos motivos: un paquete de asistencia a Panamá —y el estado de ese proceso en el Congreso—, la condena a Noriega —»la sentencia fue un 10 de julio, el día del aniversario del «Black Friday», comentó Endara—, el crecimiento económico, la visita a Panamá —y el «pequeño incidente«— o el tráfico de drogas.

Instalado en la presidencia, con las víctimas de la Invasión exigiendo la búsquedas de familiares desaparecidos y el reconocimiento de sus muertos, a Endara le preocupaba  terminar de liberarse del enjambre fabricado por Noriega y activar la economía. Los documentos muestran que Estados Unidos diagramó las dos cuestiones como si se tratara de un territorio propio.

El anuncio del envío del paquete de asistencia para Panamá al Congreso de Estados Unidos en marzo de 1990, significó para Endara un motivo de festejo: «Si viene a Panamá y se presenta a una elección, ganaría en cualquier cargo», le dijo a Bush entonces.

Dos meses después, Bush le dio la buena noticia: el paquete había sido aprobado. «Anoche el Congreso pasó las medidas, intentaré firmarlas ni bien esté en mi escritorio. Siento que haya tomado tanto tiempo», dijo el 25 de mayo. Endara agradeció otra vez el esfuerzo y le pasó con Billy Ford, el vicepresidente que había viajado a Washington para acelerar el proceso entre los congresistas.

—Señor presidente —dijo Ford—, Dios lo bendiga por todo su apoyo.

—Dios te bendiga y sigue con el buen trabajo —contestó Bush. Si hay algo que podamos hacer desde aquí, déjanos saber.

Antes de despedirse, Bush mencionó que la visita de Ford y Endara a Washington había ayudado mucho para acelerar el proceso. Ford prometió un «uso apropiado de los fondos» y lo llenó de elogios. Bush lo despidió con los mejores deseos: «Buena suerte, sigan con el gran trabajo por la democracia».

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